sábado, 7 de mayo de 2011

Y empezó el viaje...

Ya está aquí. Ya llegó. El día D. La hora H. El minuto M. El segundo S. Y así hasta acabar el abecedario... (originalidad ante todo).


El 1 de Mayo me fui para Barcelona despidiéndome, una vez más, de mis entes paternos y de algunos amigos que vi en Zaragoza. Una vez más, me subí al autobús de cierta empresa que destaca por la comodidad de sus vehículos, su buen servicio, y la alegría y trato humano de su personal (sic). Bueno, una vez me tocó un conductor era joven, amable y divertido, todo sea dicho.

Una vez en Barcelona, la siempre hospitalaria familia de mis tíos me alojó una vez más, esta vez a través de su sucursal de Barcelona-Sants (gracias Eva y Alberto!). Además, tuvieron a bien de alojar también a Lechu, con el que había quedado a las pocas horas de llegar.

El tiempo en Barcelona no acompañaba, estuvo lluvioso y ventoso, como queriendo impedir nuestra marcha, pero una vez nos juntamos con Sergio, entendimos que aquello era una máquina imparable que sólo se saciaría sus deseos con nuevas aventuras, kilómetros e historias por contar. Aprovechamos para despedirnos de algunos amigos más, y nos metimos en el bus de otra compañia europea que destaca por lo mismo que la anterior. El autobús hacía la ruta Barcelona-Bucarest y al parecer eramos los únicos no-rumanos (incluyendo los conductores) en todo el vehículo. Tanto es, que uno de los viajeros nos tenía que traducir las amables indicaciones anunciadas por la megafonía.



Estuvimos más dormidos que despiertos durante las 24 horas que duró el viaje, pero al menos nos llevamos una grata sorpresa cuando uno de los descansos los hizo en la autopista que pasa por encima de Mónaco. Nunca había visto el principado y me quedé con las ganas de bajar a dar una vuelta, aunque sólo fuera por tacharlo en la lista de países visitados.



Al llegar a Ljbubljana (capital de Eslovenia) nos encontramos con nuestra primera host, Simona, que era una estudiante de arte. Pasamos dos dias en su casa cocinando tortilla, tocando la guitarra y aprendiendo un poco de un país del que ninguno teníamos mucha idea. Mientras tanto, íbamos mirando tiendas de bicis para hacernos una idea de qué es lo que necesitábamos comprar. El viernes nos mudamos a casa de Anza, otro estudiante de arte que trabaja en un call center para poder pagar el apartamento en el que nos daba alojamiento y risas por la cara. Cociné mi ya famoso pollo con pimientos y encargamos las bicis a una tienda donde el trato con el dependiente fue un factor importante. Su política de ser amable, decir la verdad y no intentar engañar para vender más de lo que el cliente necesita (amén de precios competentes) hizo que hoy desembolsáramos 1350 euros en total por 3 bicicletas de montaña con todo el equipamiento adicional (alforjas, botellines, parches, cámaras, etc...). Estamos contentos con el precio y esperamos que no nos den muchos quebraderos de cabeza :).

Mañana salimos para Bled en lo que será mi primer viaje en bicicleta. Estoy acojonado, valga la vulgaridad. Pero emocionado al mismo tiempo.


1 comentario:

Pablo dijo...

Grande Pako! contá cómo te quedaron los muslos después del 1er día de bici!!
abrazo!!